21 abr 2009

Salsa Matrix O patada voladora a ritmo de guaguacó

 

De “Neos” y “Trínity’s” han de estar llenas las salsotecas hoy en día. Porque hay que estar en Matrix para saber esquivar la lluvia de codazos, patadas, puños y bofetadas que te sueltan los secuaces de Smith, perdón, los salseros a los que les encanta bailar a sus anchas cuando un local está repleto. Aquí les explicaré cómo salir ilesos de una salsoteca el fin de semana sin necesidad de entrenarse con Morfeo o consultar al Oráculo.

La salsa es libertad, es expresión y un reflejo de cómo somos. Si una persona es muy tímida bailará comedida, si en cambio somos extrovertidos y egocéntricos así será nuestro baile. También están las personas normales y corrientes que bailan normal y corriente. Cada quién debe bailar como le gusta y como se sienta mejor, sólo que su derecho acaba donde comienza el de los bailadores que tiene a sus costados.

Obsesión por el “ambiente”

Para hacer ambiente hacen falta dos cosas: una pareja y buena música.

El ambiente lo crea uno mismo. Pero generalmente, y no sólo en la salsa, se entiende que el local debe estar a petar para admitir que hay un “ambientazo”. Admiro a las personas que bailan en locales medio vacíos, beben, se ríen, y lo pasan de muerte sin preocuparse si la sala está llena o no. La música los evade y los transporta. Pero la mayoría necesita de los “otros” para encontrarse a gusto. Obviamente se requiere que la discoteca llena si alguien quiere reencontrarse con amigos, ligar, presumir bailando o sentir calor humano (en todos los sentidos), pero no para disfrutar de la música y del baile.

Hora punta salsera

No hay remedio. El sábado es el día en el que hasta Dios baja a bailar. No importa si no hay parking, si les obligan a pagar entrada o si el local está a reventar. Generalmente todo el mundo se queja de que no se puede bailar, pero todo el mundo va a hacerlo. Salen por la puerta diciendo que jamás volverán a bailar salsa un sábado y cada fin de semana regresan. Tienen que admitirlo: no es racional, ni voluntario. Si tu cuerpo pide salsa vas a tener que dejarte rozar, apretar pisar y golpear cada sábado. Entre semana y los domingos, con algunas excepciones, bailar es una delicia. Aquí ya se trata de decidir los días, los lugares y las condiciones que quieras para expresar tu manera de sentir la salsa.

Primo: ¿Qué le pasa a esa gente?

Esa fue la pregunta que me hizo mi primo Cipriano cuando vino a pasearse unos días por Europa, antes de regresar a su Veraguas natal. Yo quería presumir de lo viva que estaba la salsa en este lado del charco y le organicé un súper tour salsero por los mejores locales de la ciudad. Sólo pisar la puerta del la primera salsoteca Cipriano abrió los ojos desmesuradamente y me preguntó que si eso era normal. Se refería a ver a tanta gente haciendo una competición de saltos, acrobacias, giros, brazos por aquí y meñiques por allá…y todo ese tipo de salsa exhibicionista a la que un caribeño como yo ya está acostumbrado a ver cuando vive por estos lugares. Yo carraspeé y le dije que eso era la salsa del futuro, La Salsa Matrix y que si no se bailaba así la gente opinaba que no sabías bailar. Hay gente que se exhibe bailando (independientemente del estilo que haya aprendido o practique desde su nacimiento). Mi primo estuvo reacio a entrar, pero al final entre trago y trago de ron añejo entramos en calor y comenzamos a criticar a todo el mundo y a reírnos de nosotros mismos. Lo siento, ¡estábamos borrachos! No sabía lo que hacíamos. ¡Palabrita del niño Jesús!

Riesgos del sábado noche

Hay quién necesita un salón para realizar sus pasos amplios y extendidos, a lo Fred Aster y Gingi Rogers, estiran sus manos aunque le metan el dedo en el ojo a alguien, y no piden perdón. Luego están las asesinas, esas sicarios de tacón de aguja de 10 cm., que suelen clavártelo en el dedo meñique. También están los futbolistas. Los hay de dos tipos: el europeo, que no cesa de darte patadas en las pantorrillas, y el americano, que entra a la pista haciéndose un hueco a fuerza de empujones y codazos. Si estás muy acalorado se agradece la labor del bombero: ese que te echa su trago encima, sin querer, y no contento con eso te culpa por habérselo derramado.

Otra especie peligrosa es el pervertido: va tocándole el trasero a cuanta chica se le atraviesa, aprovechándose de la confusión. Y lo que más rabia da: ese corro de amigos que ni bailan ni na’, pero se quedan conversando en medio de la pista con sus cubatas y te miran con cara de “si nos rozas te pegamos entre los cuatro”. También está el que gira y te salpica de sudor, el que no conoce el desodorante, el que estornuda y no se tapa la boca ni la nariz. etc… ect... Hay toda una fauna bailonga dispuesta a hacer misión imposible bailar en una pista el fin de semana.

Consejos imprácticos

Armarse de paciencia, volverse masoquista y pasar de todo. Llegar antes de la 1:30AM ó después de las 4:30AM, hacer un curso de defensa personal, buscar un rinconcito y bailar en una baldosa, emborracharse para no sentir, levitar, seguir al conejo blanco o tomarse la pastilla roja o azul. Usted decide si quiere entrar en Matrix o no Sr. Anderson. Pasarla de muerte bailando tiene sus ventajas, y nunca mejor dicho.

By J.P

1 comentario:

Vanessa dijo...

Que cierto¡¡¡ todavía me duele el pie del sábado por la noche¡¡ jajajaja

Besos¡